Una serie fotográfica realizada en El Porís de Abona recorre la historia del color del duelo y de las prendas de luto en Canarias
¿Cuándo se convirtió el negro en el color oficial del duelo en Europa? La respuesta está en dos acontecimientos de finales del siglo XV. Los recoge una serie fotográfica realizada en El Porís de Abona con indumentarias de los fondos del Consejo Sectorial de Indumentaria Tradicional de Tenerife.
La muerte prematura del príncipe Juan, heredero de los Reyes Católicos, en 1497 llevó a los monarcas a dictar la Pragmática de Luto y Cera. Esta norma fijó el negro como color oficial del duelo en España e impuso restricciones muy severas. Las viudas, por ejemplo, debían permanecer encerradas un año en estancias con las paredes tapizadas de negro. Un año después, en el funeral de Carlos VIII de Francia, su viuda, la reina Ana de Bretaña, apareció vestida de negro y consolidó este código en las cortes europeas.
En Canarias, la prenda más característica del luto fue el manto. Además de cubrir el cuerpo, permitía a la mujer hacer el gesto del embozo: recogía las bandas laterales de la tela frente al rostro y se ocultaba casi por completo, dejando apenas un ojo descubierto para guiarse al caminar. Era una pieza de máxima sobriedad que aseguraba el aislamiento, la piedad y el respeto durante la etapa más severa del duelo.
Con el siglo XX, el pesado manto de lana o bayeta fue dejando paso a pañuelos negros de cabeza, toquillas y mantillas de crespón y tul, que conservaron durante décadas la misma función de recato. El negro también entró en la moda cotidiana y el luto se suavizó en las ciudades. En las zonas rurales, la tradición se mantuvo intacta mucho más tiempo.
Las fotografías son de Vigonarte, con maquillaje y peluquería de Poxoakainakain. Los modelos son @ndrs_r y @nhoaagm.














