La indumentaria tradicional de las gentes de costa en Canarias, y especialmente en Tenerife, constituye un claro ejemplo de cómo el vestido popular se adaptó al entorno, al clima y a las necesidades del trabajo cotidiano. Las prendas utilizadas por pescadores, campesinos y trabajadores del litoral respondían no solo a criterios estéticos, sino también a las exigencias de una vida marcada por el esfuerzo físico, la exposición al sol, la maresía y las largas jornadas junto al mar.
Durante los siglos XVIII y XIX, buena parte de quienes desarrollaban su actividad en la costa no residía necesariamente en el litoral. Hombres y mujeres descendían desde las medianías hasta las zonas costeras para participar en faenas marineras, agrícolas o portuarias. Este desplazamiento tuvo una incidencia directa en las formas de vestir, ya que quienes bajaban al mar debían adaptar su indumentaria habitual a un entorno más cálido, húmedo y exigente para los tejidos.
El estudio de estas prendas permite comprender cómo la indumentaria tradicional estaba estrechamente vinculada a las condiciones de vida de cada comunidad y a las actividades que desarrollaban sus habitantes. El vestido se convertía así en una respuesta práctica a las características del territorio y del trabajo, al tiempo que conservaba elementos propios de la tradición popular.
Esta divulgación ha contado con la edición de Artenerife Eiasa y el Cabildo de Tenerife, con textos de Dulce Rodríguez de la Rosa y Francisco Machado, integrantes del Consejo Sectorial de Indumentaria Tradicional de Tenerife (CSITT). La idea creativa correspondió a Daniel Pages, la fotografía a Alfonso Bravo y la peluquería a Juan Castañeda.
La indumentaria y el asesoramiento corrieron a cargo del Consejo Sectorial IndumentariadeTenerife (CSITT), con Antonio Darias y Amanda Perdomo como modelos.








